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EXPERIENCIAS Y VIVENCIAS A BORDO DEL BE ESMERALDA Ese día había llovido. El calor era húmedo, todo estaba inundado. Ese 21 de mayo del bicentenario de nuestro Chile, nos presentamos de civil al Sr. Segundo Comandante, Capitán de Fragata Don Fernando Lledó, para pedirle la venia para embarcarnos en el Buque Escuela Esmeralda.

Nosotros( el AOR Felipe Rubio y el Subteniente Reserva Naval de la Compañía de Oficiales de Reserva Naval,( CORNAV) dependiente de la Secretaría General de la Armada en Santiago de Chile, habíamos llegado desde nuestro país, un día antes a Cartagena de Indias y nos impresionó e impactó ver el BE Esmeralda atracado al malecón y nos hizo sentir que “mejor decisión” de embarcarnos a bordo, no podíamos haber tomado, al poder “ vivenciar” por unos días, lo que significa ser un verdadero hombre de mar. Y aquí estábamos ambos en Cartagena de Indias.  Esta pequeña aventura se “urdió” cuando con el ST RN Cristian Wagner, asistimos como integrantes de la Compañía de Oficiales de Reserva Naval a una hamburguesada y convivencia con los Oficiales de la Estación Naval Metropolitana. Durante esa grata velada se presentó la posibilidad de navegar en algún tramo del crucero del BE Esmeralda. Por ello evocábamos con alegría, que dos meses antes del momento en el que llegábamos a presentarnos ante el Segundo Comandante del buque, esta iniciativa había nacido a raíz de una conversación sostenida con el Comandante de nuestra Compañía, en que le solicitamos la posibilidad de embarcarnos en un tramo del crucero de instrucción y realizar este viaje. Para ser franco, no teníamos muchas esperanzas que esta solicitud pudiera hacerse realidad, sin embargo, era real y ya estábamos frente a “nuestro” buque, con la venia del Segundo Comandante y autorizados para embarcarnos al día siguiente, sábado, en la tarde.  Y así fue. Llegamos de franco y nos estaba esperando el Oficial de Guardia quien nos guió a nuestro camarote, ya que había una recepción del Gobierno Colombiano en el Puerto y debíamos ir con la tenida de uniforme dispuesta para ese día. Apenas vestimos el uniforme algo “mágico” nos sucedió. Los dos, por igual, sentimos que habíamos pertenecido toda una vida a esa tripulación y con esa sensación de ser parte de algo importante, partimos a la fiesta que tenían preparada para el buque en ese Puerto, donde nos mostraron los bailes, cantos y todo lo que representa Colombia, en que los coloridos y la belleza imprime un tono único, lo que hace a ese país un lugar interesante y exuberante. Esta demostración cultural típica, nos hizo entender más a esta hermana nación. 
Pero lo que realmente terminó de hacernos sentirnos orgullosos, fue el discurso del Comandante chileno, Capitán de Navío Don Ignacio Mardones, nuestro Comandante, ya que a partir de nuestra presentación formal a bordo, él era nuestro mando. El Comandante Mardones con una rica capacidad de oratoria y formalidad típica de nuestros marinos chilenos, le correspondió dar el discurso de agradecimiento a nombre de los doce Comandantes de los buques extranjeros que se encontraban a bordo. La verdad, es que como Aspirante a Oficial de Reserva Naval de mi país y como buen chileno, pueden decir que “peco” de patriotismo, pero lo cierto es que el discurso estuvo impecable y era imposible no llevar con prestancia nuestro heroico uniforme naval, que quizás a pesar de haberlo usado apenas unos minutos, nos representaba fielmente y nos hacía sentir que pertenecíamos hace mucho tiempo a este magnifico grupo de Oficiales y gente de mar. Hay que entender lo que se siente, cuando uno como chileno, está en otras tierras y además que nuestro Comandante sea quién interprete tan fielmente el sentir de mil quinientos marinos de varias nacionalidades. Además fue un orgullo que nuestro mando a flote, fuera el Comandante elegido para representar a todos los Comandantes de los veleros y que con sus palabras nos haya hecho sentirnos orgullosos de ser chilenos! Se nos erizaban los pelos, después de cada frase que terminaba. Realmente excepcional su discurso y el énfasis que le impuso, que interpretó fielmente a cada uno de ellos. Viva Chile! 
A la mañana siguiente zarpamos junto a 11 yates más, con rumbo al puerto de la Guaira en Venezuela. Nuestro buque despidió al Sebastián El Cano, nuestro buque hermano, que volvía a su tierra en el viejo continente.
Durante cuatro días y medio navegamos hacia el archipiélago de San Roque, pasando Aruba y Curacao. Durante ese tramo se dio la posibilidad de “gozar” de algunos minutos de la señal de Internet para comunicarnos con nuestros familiares. Que sensación más exquisita poder comunicarnos a través del éter con nuestros seres queridos, que parecía que los habíamos dejado meses atrás. Y sólo eran unos pocos días.
 Lo que más nos llamó la atención y nos sorprendió gratamente durante esos días, fue la intensa camaradería y sobre todas la instrucción que nos impartieron los Oficiales del buque, quienes con mucha paciencia nos enseñaron parte del antiguo arte de la navegación.
Fue una inmejorable experiencia compartir con los Oficiales y gente de mar, personal de una gran calidad humana, que nos hicieron sentir todo el tiempo acogidos y ser parte del mismo equipo de a bordo. 
Una de las anécdotas que vivimos se produjo en la Cámara de Oficiales, ya luego de la labor diaria cumplida. Esa vez escuchamos una voz que expresó con mucho ímpetu: “hagámosle un tapabalazos” y con mi compañero de travesía, Cristián nos miramos con signo de interrogación y pensábamos…tapaqué?.... pero no alcanzó a pasar un segundo, después de esa expresión diría” náutica”, ya que se nos “abalanzó” un grupo de Oficiales y amigos y nos “levantaron” hacia el techo, como un típico mantebo de recién casado y chocábamos contra la parte superior de esa Cámara de Oficiales. Después nos explicaron que eso sólo se les hacía a los Oficiales de Reserva que se habían ganado la “confianza” de ellos por nuestras condiciones humanas de sencillez, lo que nos permitió abrazar el respeto y cariño de los Oficiales del buque. Esta vivencia fue incluso nueva para ellos, ya que no acostumbran a hacerlo entre los Oficiales del buque. “Esto” nos hizo sentirnos aún más queridos por la dotación de Oficiales.  Navegando durante esas noches largas y calurosas aprovechamos de alternar y compartir mucho con cada uno de los Oficiales acerca de sus vidas en el mundo naval, que es más un estilo de vida, lo que nos hizo admirarlos aún más, ya que el espíritu de servicio que poseen, es enorme y tienen un gran amor a su trabajo y una enorme vocación naval, con el sacrificio que éste implica. El Viernes 28 en la mañana, a las 6 am, cuando “tiramos el fierro” o fondeamos el ancla del buque, nos ordenaron dar “el salto de confianza” y tuvimos que lanzarnos de la toldilla del BE Esmeralda al mar, procedimiento que se practica siempre a bordo. Fue novedoso y por no decirlo casi temerario realizar esta “proeza”, a nuestra edad. Hay que pensar que los Guardiamarinas, tienen un promedio de 22 años y nosotros un “ poquito más…más”.

Posteriormente llegamos a Puerto San Roque,(“puerto pintado”) para amantillar y dejar impecable nuestro BE Esmeralda. Como norma general, el buque siempre arriba un día antes del puerto principal a visitar y fondea a la gira y se realizan diversos trabajos, para dejar reluciente el buque, para que esté con un blanco naval radiante y sus bronces brillantes al momento de recibir visitas extranjeras. Esa noche zarpamos, para arribar al día siguiente a nuestro puerto de destino, la Guaira. Como parte de la dotación del buque, nos asignaron la tarea de tomar guardias en el puente de mando, tanto de noche como de día, con lo que esto significaba,…….. horas eternas...  También es inolvidable la convivencia que tuvimos en la Cámara de Suboficiales, lugar en el cual compartimos gratos momentos con estos” viejos lobos de mar”. Una vez ya fondeados en el puerto de la Guaira, con el ST Wagner salimos a recorrer esta hermosa ciudad y aprovechamos de conocer Caracas junto a otros Oficiales. La experiencia en este recorrido turístico fue genial, ya que a pesar de lo poco que uno está “en tierra” y conoce otra gente de distintas y ricas costumbres y tradiciones, siempre nos mantuvimos unidos como compañeros de travesía. El domingo salimos franco nuevamente y fuimos a conocer a todos los otros veleros con un Oficial de Reserva naval Yates, Wolfgang Schultze, quién además de ser CAOR, al igual que nosotros, es el proveedor de las velas de todos los grandes veleros a nivel internacional. Su empresa era la conocida marca Wienecke, “famosa” por sus carpas y elementos de camping en los años 60 en adelante en Valparaíso. Gracias a sus contactos, ello nos permitió alternar con todos los otros Comandantes de buque.
Luego nos recogimos a bordo de “nuestro” BE Esmeralda y nos correspondía desembarcarnos, ya que en ese puerto terminaba nuestra travesía y nos despedimos con nostalgia de la tripulación y sus Oficiales. Pero como en el pedir no hay engaño, aprovechamos la ocasión para solicitarle al Comandante Mardones, que nos diera la posibilidad de embarcarnos nuevamente a bordo, un día antes de la tradicional recalada del BE Esmeralda a Valparaíso. A esa recalada, vale decir “ Puerto Pintado”,que es uno de los extensos términos de nuestra rica jerga náutica, de la cual nos empapamos en esos largos días, esperamos embarcarnos para entrar a “casa” junto a mis compañeros de esta hermosa travesía náutica.

Texto escrito por el ST Cristian Wagner y el AOR Felipe Rubio |